AMOR Y TANGO
Durante muchos años se ha reiterado que la infidelidad femenina y la consiguiente queja del hombre abandonado, eran el tema por antonomasia de los letristas de tango.
Lo cierto es que en toda la mejor literatura los finales felices a la manera de Hollywood escasean. La escritora uruguaya Idea Vilariño afirma que “las relaciones entre el hombre y la mujer (que han sido siempre alimento favorito de la literatura) cobran mayor interés poético y dramático cuando son conflictuales”. Algo parecido pensaba el novelista Hugo Wast cuando escribió que “los pueblos y los matrimonios felices no tienen historia”.
Ironías aparte, ésa sería una explicación de por qué en el tango no abunda la felicidad amorosa. Otra visión del mismo tema nos llevaría a considerar el espíritu romántico, de notoria vinculación con el tango. En el romanticismo –movimiento artístico y de ideas- el amor se plantea como imposible ante los designios superiores. “Cual blanca nube se elevó del suelo / y en lo infinito desplegó sus galas. / Los que nacen con alas / ¡qué pronto suben de la tierra al cielo!”, dirá Rafael Obligado. Y el célebre tango “Adiós muchachos”, menos conformista: “mas el Señor, celoso de sus encantos, / hundiéndome en el llanto/ se la llevó”.
Por otra parte, dentro de la tradición literaria occidental es típica la presencia de la amada ausente. Lo vemos en la celestial Beatrice de Dante, en el “fantasma de amor” de Chateaubriand, en la “imagen ilusoria” de Espronceda, en la “mujer ninguna” de Mallarmé y en “la más amada” de Tristán Corbière, “que siempre es la más lejana”. Dentro de esa tradición se inscriben heroínas de tango como María (”la más mía, la lejana”), Rosicler, La que murió en París, Malena y tantas otras sombras tangueras tan próximas al mito como a la realidad.
Por último, visto desde una perspectiva sociológica, puede decirse que el amor cobra en el tango ese toque de frustración y fracaso tan característicos porque, como afirmaba Juan José Hernández Artregui, “el porteño que vive en los tangos es triste” y lo es porque pertenece a un país “que no domina su destino”. Ya lo decía Luckacs “todas las acciones, todos los pensamientos y sentimientos del hombre –tenga o no tenga conciencia, quiera o no quiera saberlo- están indisolublemente fusionados con la vida de la sociedad”. Con lo que pasamos de los ámbitos del amor a los no menos conflictivos de la política. Todo tiene que ver con todo.
Pero el gran tema del tango sigue siendo el amor, “l’amor che muove il sole e l’altre stelle”, como cantara Dante.
Jcjara
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